domingo, 24 de agosto de 2014

¿Pérdida de la fe o denuncia de la realidad?

Subyacente al carácter mordaz y burlesco del pícaro se halla una necesidad: la de denunciar los vicios de la sociedad.

En el caso específico de El Lazarillo de Tormes, algunos críticos –como Américo Castro– han optado por localizar la razón del carácter burlesco de Lázaro en el desarraigo cultural de un posible autor morisco o recién converso. Sin embargo, Francisco Rico –partiendo de la lectura que hace S.M. Asensio de El Lazarillo…– opina que  las burlas del desastrado pícaro son algo más que simples comentarios maliciosos; él halla en ellas la marca inconfundible de un agudísimo sentido crítico.


Rico se basa en fragmentos como aquél del tratado V en el que Lázaro aparece describiendo cómo su amo, el buldero «…puestas las manos al cielo…, comienza una oración con la cual hizo llorar a toda la gente, como suelen hacer entre los sermones de Pasión de predicador y auditorio devoto» para sostener que, al contrario de lo que piensan autores como Castro, lo burlesco en el Lazarillo es producto de la inventiva de un autor cristiano que, sin alejarse de su fe, y habiéndose enterado de la concepción Erasmiana de un cristianismo parco (más propenso a la mesura que al exceso), comenzó a criticar sutilmente los vicios que proliferaban alrededor de la Iglesia Católica en España a mediados del siglo XVI; a saber: la abundancia de representantes embusteros, una creciente superstición y el cultivo en el pueblo de una devoción desprovista de cualquier criterio.

Bibliografía: Lazarrillo de Tormes, versión publicada por la editorial Planeta (España, 1980). El tema de este artículo se encuentra desarrollado con mayor profusión en las notas de la introducción que Francisco Rico realizase para la edición anteriormente señalada (pág. 31).

Jhonfrank G. Sánchez

martes, 12 de agosto de 2014

A un pobre esclavo el amor le animaba a esto

"No nos maravillemos de un clérigo ni fraile, porque el uno hurta de los pobres y el otro de casa para sus devotas y para ayuda de otro tanto, cuando a un pobre esclavo el amor le animaba a esto."

.-Lazarillo de Tormes, Tratado primero, página cinco.

El autor anónimo de las desventuras de Lazarillo narra en sus desventuras mucho más que los altibajos de la vida de un pícaro. Arraigada bajo la superficie de su historia, la comedia del Lazarillo de Tormes trae consigo un reflejo agudo de la sociedad en la que se narra. No solo una parodia astuta de las clases sociales de la España contemporanea a su escritura, podemos interpretarla también como una fina crítica de sus disfunciones.

El mundo en que Lazaro se ve lanzado a vivir su vida no es tan distinto al nuestro. Gana el vivo y el poderoso, sufre el pobre. Sin embargo, junto al sufrimiento hay también instancias de humanidad. Narrando su vida con su madre, empobrecida y desgraciada, Lazaro nos muestra hasta donde puede llegar la faceta magnanima del hombre.

En la frase escogida vemos ambas estas facetas expresadas en el texto. La dura crítica contra el clacismo y la avaricie del poderoso. El aprecio por las facetas más humanas de la vida, que escacearán en la dura vida de Lazaro.

Adrian Sandoval.

viernes, 8 de agosto de 2014



El honor tambaleante 

Lázaro, un joven que ha vivido la pobreza extrema, le ha tocado servir a diferentes amos a lo largo de su vida y cada experiencia que comparte con ellos le deja a él cierto conocimiento de sus comportamientos, que resultan ser irónicos, pues, lo que hacen no es lo que aparentan ser. Un caso particular es el escudero; Lázaro siente lástima por él porque es un personaje que luce trajes elegantes y porta un semblante lúcido y fuerte, sin embargo, esos aspectos velan su precaria condición. En la novela, Lázaro al verlo caminar por la calle, se adentra en sus propios pensamientos sobre lo que comprende en relación a las acciones de su amo: 

¡Bendito seáis vos, Señor- quedé yo diciendo-, que dais la enfermedad y ponéis el remedio! ¿Quién encontrará a aquel mi señor que no piense, según el contento de sí lleva, haber anoche bien cenado y dormido en buena cama, y aunque agora es de mañana, no le cuenten por muy bien almorzado? ¡Grandes secretos son, Señor, lo que Vos hacéis y las gentes ignoran! ¿A quién no engañará aquella buena disposición y razonable capa y sayo? ¿Y quién pensará que aquel gentil hombre se pasó ayer todo el día sin comer, con aquel mendrugo de pan que su criado Lázaro trujo un día y una noche en el arco de su seno, do no se le podía pegar mucha limpieza; y hoy lavándose las manos y cara, a falta de paños y manos, se hacía servir de la halda del sayo? Nadie, por cierto, lo sospechará. ¡Oh Señor, y cuántos de aquestos debéis Vos tener por el mundo derramados, que padecen por la negra que llaman honra lo que por Vos no sufrirán! (El Lazarillo de Tormes, Pág. 32)

El escudero trata de evitar las burlas de las personas y por consiguiente, impide que mancillen su honor. Lo que, quizás, hace Lázaro en este pasaje es señalar lo innecesario que es padecer de hambre y sed sólo por mantener un ideal como lo es el honor o la falsa ostentación de riquezas: si es urgente cubrir estas necesidades, lo mejor sería buscar las oportunidades que disminuyan los padecimientos para que la vida se vuelva más cómoda o soportable. No vale el honor si se está hambriento o desnudo. La desvalorización del honor es muy común en los protagonistas de la literatura picaresca: según Maravall, estos son personajes que se caracterizan por unas formas de pensar o sentir que  contradicen lo establecido en la sociedad, o en este caso, aquello que se estima como lo es el honor del Caballero.
Karla Montoya

Bibliografía:
·         Maravall, A. José. La literatura picaresca desde la historia social (Siglos XVI y XVII). Madrid: Taurus, 1986.
·         El Lazarillo de Tormes [libro en línea]. Disponible:  http://www.saberia.com/wp-content/themes/saberia/books/lazarillo.pdf [Consulta: 2014, Julio 12]



jueves, 7 de agosto de 2014

El hambre que no mueve

“Yo he tenido dos amos: el primero traíame muerto de hambre y, dejándole, topé con estotro, que me tiene ya con ella en la sepultura. Pues si deste desisto y doy en otro más bajo, ¿Qué será sino ferecer?”.

Este fragmento me llamó la atención porque si bien es cierto que el hambre es la gasolina que hace que Lazarillo actúe, también hace que prefiera no hacerlo. El dejar de actuar no por la debilidad que le produce el hambre, si no por la reflexión que esta le acarrea. Es como si el hambre derivase en temor, en temor a pasar más hambre de la que ya pasaba. Su temor a morir de hambre era tal que prefirió quedarse con el clérigo, a buscar suerte con otro amo, que según lo que pensó podría traerle muchas más penurias de las que ya pasaba.




                                                                                                                                     Anagabriela Padilla.

miércoles, 6 de agosto de 2014

El gato, el ratón y el Lazarillo

- Este arcaz está tan maltratado y es de madera tan vieja y flaca, que no habrá ratón a quien se defienda; y va ya tal, que si andamos más con él, nos dejará sin guarda. Y aún lo peor, que, aunque hace poca, todavía hará falta faltando, y me podrá en costa de tres o cuatro reales. El mejor remedio que hallo, pues el de hasta aquí no aprovecha: armaré por de dentro a estos ratones malditos.
Luego buscó prestada una ratonera, y con cortezas de queso que a los vecinos pedía, contino el gato estaba armado dentro del arca. Lo cual era para mí singular auxilio, porque, puesto caso que yo no había menester muchas salsas para comer, todavía me holgaba con las cortezas del queso que de la ratonera sacaba, y sin esto, no perdonaba el ratonar del bodigo.

(Segundo Tratado, página 78. El Lazarillo de Tormes. Cooperación Editorial, S. L.)


   En este fragmento es uno de los más desafiantes para el Lazarillo, aquí se pone en practica su astucia y actitud picaresca que lo ayuda a salir de todos sus problemas. Se enfrenta a uno de sus amos mas avaro: el Clérigo, un ser muy malvado que no le importaba dejar morir de hambre al pobre Lázaro. Pero no logrará dejarlo mucho tiempo sin comida, puesto que, nuestro pícaro demuestra una y otra vez como logra sacar comida de ese arcaz. Como lo vemos en éste fragmento, sin importar que tan difícil sea, consigue un pedazo de pan convirtiéndose en el ratón que evade y triunfa sobre el gato, ese fofo y avaro gato: el Clérigo, que con cada triunfo en este juego del gato y del ratón donde Lázaro gana por su astucia y el Clérigo pierde un pedazo de su cordura. 
 

Un entierro


 


"Arriméme a la pared, por darles lugar, y, desque el cuerpo pasó, venían luego a par del lecho una que debía ser mujer del difunto, cargada de luto , y con ella otras muchas mujeres; la cual iba llorando a grandes voces y diciendo:

-Marido y señor mío, ¿Adónde os me llevan? ¡A la casa triste y desdichada, a la casa lóbrega y obscura, a la casa donde nunca comen ni beben!

Yo que quello oí, juntóseme el cielo con la tierra y dije:   ¡Oh desdichado de mí! Para mi casa llevan a este muerto(...) "

Lazarillo de Tormes: Tractado tercero. Plaza & Janez Editores S. A.: Barcelona, 1997. p. 103



El fragmento es de mi agrado puesto que es posible conocer con plenitud el grado de inocencia que posee Lázaro. El pobre niño piensa que el lugar hipotético mencionado por la viuda se trata, efectivamente, de la casa de su amo; y ante esta lectura literal sale corriendo asustado pensando que el muerto será llevado a su casa. Esta actitud, tan propia de un niño pequeño, nos rebela su edad y lo triste de su condición: “¡A la casa triste y desdichada, a la casa lóbrega y obscura, a la casa donde nunca comen ni beben!”. Y además nos permite conocer otra pena a la que se someten los hombres y mujeres de su época, sin mencionar que permite comprender la situación que a su tiempo debió padecer la madre del propio Lázaro. También se trata de su primer encuentro con la muerte, que al ser ligero no produce una gran pena en el lazarillo sino algo de temor. Un susto risible que aligera la pieza pero no deja de exponer las penurias a las que se ve sometido el pueblo.

 Alejandra M.

Lo originario



Mi nacimiento fue dentro del río Tormes, por la cual causa tomé el sobrenombre”
 El Lazarillo de Tormes


La vida de Lazarillo de Tormes y sus fortunas y adversidades, Edición de Burgos 1554, pág. 4. En: http://biblio3.url.edu.gt/Libros/2013/La-vida.PDF







Todo aquel que nace del agua tiene un destino sobrehumano. Los dioses del agua, el agua, van ligados a ciertos rasgos como: lo originario y a  una vida no tan divina como la de otros dioses. Estas características se funden en Lázaro. Él  percibe las realidades que la sociedad va vedando, desde este punto él puede ser visto como lo originario, lo arcaico: el lado salvaje de la realidad social. Si él es un espejo del fondo de la psique colectiva, entonces, la visión de aquellos tiempos se encontraba fracturada y renegada. 

Lázaro jamás tendrá un paradero eterno, exceptuando al camino, quizás por esto todo pícaro es hijo de Hermes. Sólo que este pícaro tiene la ansiedad de hacer tierra en algún sitio. Nació del agua, lo errante,  lo sobrehumano tildado en la miseria, pero es hombre,y estos siempre quieren hacer casa, incluyendo en la memoria, que en él siempre rescata al pasado con afecto.  Como toda naturaleza originaria del agua, Lázaro posee una disyuntiva que gira en el querer aferrarse y la impotencia de siempre verse en un peregrinaje eterno, visible en su hambre insaciable. 





martes, 5 de agosto de 2014



«De manera que en nada hallaba descanso, salvo en la muerte, que yo también para mí, como para los otros, deseaba algunas veces; mas no la vía, aunque estaba siempre en mí.»

Anónimo. Lazarillo de Tormes (Tratado segundo. Pág 84). Primera edición, 2000. Alianza Editorial.

   El degradamiento moral de Lázaro lo mantiene en un constante roce con el último escalón social, de tal modo que el mismo se encuentra en un balanceo vertiginoso entre la muerte y la miseria. El pícaro se ve en la necesidad de usar su ingenio para sobrevivir y esto es lo más importante para él. A medida que va descendiendo se le ve más cercano a la degradez humana ya que logra sustentarse mediante migas de pan y mendicidad. Si la muerte tomase un lugar inminente en la historia, Lázaro no podría conocer los diferentes matices existentes en su sociedad y no hubiese sido capaz de alcanzar la experiencia necesaria para presentarnos su  falsa autobiografía.


 

lunes, 4 de agosto de 2014

Robando a la vida



“… — Agora quiero yo usar contigo de una liberalidad, y es que ambos comamos este racimo de uvas, y que hayas dél tanta parte como yo.  Partillo hemos desta manera: tú picarás una vez y yo otra; con tal que me prometas no tomar cada vez más de una uva, yo haré lo mesmo hasta que lo acabemos, y desta suerte no habrá engaño.

Hecho ansí el concierto, comenzamos; mas luego al segundo lance; el traidor mudó de propósito y comenzó a tomar de dos en dos, considerando que yo debería hacer lo mismo. Como vi que el quebraba la postura, no me contente ir a la par con él, mas aun pasaba adelante: dos a dos, y tres a tres, y como podía las comía.  Acabado el racimo, estuvo un poco con el escobajo en la mano y meneando la cabeza dijo:

— Lázaro, engañado me has: juraré yo a Dios que has tu comido las uvas tres a tres…”

La vida de Lazarillo de Tormes y sus fortunas y adversidades, Edición de Burgos 1554, pág. 9. En: http://biblio3.url.edu.gt/Libros/2013/La-vida.PDF


En este fragmento podemos observar el particular sentido de la justicia de Lázaro, y si vamos un poco más allá, incluso una síntesis de su vida: siempre tratando de pasar a la corriente en condiciones adversas. Si se me da la oportunidad de tomar algo bueno, aceptaré todo lo que pueda y más, porque las circunstancias no han sido amables conmigo: eso es mi justicia.


El tópico del hambre en la picaresca también aparece. Este “festín” de uvas no es algo usual  para Lázaro: no va a permitir que el mendigo le arrebate ni un trozo de lo acordado. Antes, él hará lo propio. Y así en cada episodio sobrevivirá robando sólo un poco más de lo que la vida le otorga.


                                                                                                                                          
Isabel Pérez

Por su mala maña

"Y también porque consideren los que heredaron nobles estados cuán poco se les debe, pues Fortuna fue con ellos parcial, y cuánto más hicieron los que, siéndoles contraria, con fuerza y maña remando, salieron a buen puerto."
(Prólogo, pág. 24, Plutón Ediciones, Barcelona, España.)

En este pequeño fragmento, Lázaro le dice de una forma muy directa a Vuestra Merced y a nosotros por extensión, la manera en la que logra salir de la más absoluta miseria y obtener un estatus del que él, Lázaro, se siente orgulloso, a pesar de que a las demás personas no les parezca que es un estatus para enorgullecerse. Él burla a la Fortuna (se refiere a la mala fortuna), valiéndose de la "fuerza" y la "maña". 
Pero, ¿qué es la maña? La RAE dice:

Maña.
(Quizá del lat. vulg. *manĭa, habilidad manual).
1. f. Destreza, habilidad.
2. f. Artificio o astucia. U. m. en pl.
3. f. Vicio o mala costumbre, resabio. U. m. en pl.
4. f. Manojo pequeño, de lino, cáñamo, esparto, etc.
5. f. ant. Manera o modo de hacer algo.

Es decir, Lázaro está aceptando que se tiene que valer de artificios, destrezas y resabios para poder satisfacer sus necesidades más básicas. Por sus malas mañas (engaños, robos y estafas) logra sobrevivir, y esto es lo que hace al pícaro ser pícaro.

Lorena Quijada Struve.