martes, 3 de noviembre de 2009

EL LICENCIADO PERO PEREZ “EL CURA” (EN LA PRIMERA PARTE)

Si hay un personaje que, desde el principio, se ganó toda mi simpatía y la ha conservado e incluso la ha aderezado con interés, curiosidad y sorpresa, es el Licenciado Pero Pérez, “El Cura”. Quiero tratarlo aquí en tres aspectos: Su nombre, su condición en cuanto a personaje social y cultural y, finalmente, como ser humano.

Pero Pérez, para servir a Dios y a vuestra merced
Le encontramos por primera vez en el capítulo I, cuando se describe la afición que Alonso Quijano, Quijana, Quexada o como sea, siente por los libros de caballerías y se dice que :
“Tuvo muchas veces competencia con el cura de su lugar –que era hombre docto, graduado en Sigüenza- sobre cuál había sido mejor caballero”, pero es en el capítulo V cuando conocemos su nombre, en el momento en que Pedro Alonso, trayendo “al molido hidalgo” de vuelta a su casa, halla ésta “toda alborotada; y estaban en ella el cura y el barbero del lugar, que eran grandes amigos de Don Quijote, que estaba diciéndoles su ama a voces: -¿Qué le parece a vuestra merced, señor licenciado Pero Pérez –que así se llamaba el cura-, de la desgracia de mi señor?” Y tan sólo acá estuve detenida largo rato solazándome con su nombre: ¿Cuántas veces hemos oído aquello de “Pedro Pérez” para no mencionar al alguien específico? "Pedro Pérez" suele aparecer hasta en las tarjetas de crédito que emplean en las cuñas de televisión. “Bueno, como te decía, un tipo ahí, equis, Pedro Pérez…” solemos decir para poner un ejemplo, bueno o malo, sobre alguna conducta que queremos ilustrar, lo mismo que hacemos con “Fulanito de Tal”. En este sentido, inmediatamente pensé “un cura «equis», Pedro Pérez, un cura cualquiera; en la historia debe haber un cura, alguien que represente a la iglesia” y continué mi lectura.

Pensando un poco más al respecto y avanzando en la lectura me iba dando cuenta que no era cualquier nombre para el cura. Pedro es el nombre del primer Papa, el principal apóstol, la piedra sobre la que fue fundada la iglesia pero a la vez un hombre. Pedro: el hombre, la piedra. Piedra, la realidad, lo material ¿Quizás un “cable a tierra” de Don Quijote? Me fui al diccionario porque, además, “Pero” es una conjunción adversativa y esto fue lo que encontré en la RAE:
pero3. (Del lat. per hoc). 1. conj. advers. U. para contraponer a un concepto otro diverso o ampliativo del anterior. 2. conj. advers. U. a principio de cláusula sin referirse a otra anterior, para dar énfasis o fuerza de expresión a lo que se dice. 3. conj. advers. desus. sino (‖ para contraponer a un concepto negativo otro positivo). 4. m. coloq. Defecto u objeción.”

Real Academia Española: Diccionario de la Lengua Española

Y a todas estas ¿No cabe la función de este personaje en la historia del Quijote en cada una de estas acepciones? Según mi punto de vista, sí. En la primera acepción, lo que representa el cura es a mi juicio una contraposición de lo que representa el personaje central de la historia. Al cura, le gusta leer, disfruta comentando sus lecturas, pero no pierde el juicio y vive en la realidad y apegado a ella. De hecho será el cura el que salga a buscar y traer a Don Quijote de su aventura con tanto ingenio que emplea, incluso, su propia locura para traerlo de vuelta. En la segunda acepción, siendo el cura como es ¡cuánto énfasis pone a la locura de Don Quijote! ¡Hasta la protege, protegiéndolo a él, las veces que la explica y expone! Subraya la historia Don Quijote de tan maravillosa que es, con su propia cordura, mesura y sensatez. La tercera acepción, aunque esté en desuso, también le va muy bien a la función del personaje: el cura contrapone a la locura, la cordura; a la fantasía, la realidad y viceversa (Don Quijote emplea la realidad para re-construir su fantasía; el cura empleará esa misma fantasía para traerlo a la realidad); a la mentira, la verdad; a los separados, unión; etc. Y finalmente, en cuanto a la cuarta acepción: defecto u objeción ¿tuvieron alguna u otra las aventuras de Don Quijote? Si, definitivamente y precisamente, ambas, en el Licenciado Pero Pérez, el cura.

El Cura, la Iglesia, el Poder
Ya azuzado por el ama y la sobrina de Don Quijote, y de paso, por el estado tan lamentable en el que Pedro Alonso trae a casa al pobre hidalgo, el cura se dispone al final del capítulo V, a realizar el “donoso y grande escrutinio” en la librería del Quijote, que lleva a cabo en el siguiente capítulo. A pesar de que este era un acto grave y vital para el rescate de la cordura del amigo, el cura se muestra siempre afable. Ríe, en cuanto a “las simplicidades” del ama y algunos comentarios del barbero respecto a las obras. Si se muestra serio en algún momento, es cuando hace reflexiones y críticas a los libros que va juzgando. Sin embargo, a pesar de que pueda parecer un acto abominable y el cura, que lo lleva a cabo, tan despreciable como su acción, a mí me parece que es todo lo contrario: en primer lugar, demuestra su amistad hacia Don Quijote al preocuparse por su salud y no persigue con esto más que “hacer un gran favor” en bien de su amigo; en segundo lugar, demuestra su apego al papel que tiene como “cura del lugar” y se hace cargo de sus fieles, ayudando al ama y la sobrina de Don Quijote y al él mismo, en el trance que atraviesan por sus locuras; y en tercer lugar, demuestra su conocimiento, su formación y mesura cuando antes de condenarlos al fuego, revisa los libros (aunque no diera tiempo a hacerlo con todos). En esta revisión hace comentarios al barbero (que le ayuda) respecto al por qué de la condena de cada uno y los juicios que emite, van en función de la calidad de la obra en cuanto a lo literario y no en cuanto a la moral que esta pueda contener, como podría esperarse de la iglesia. Por ejemplo, el primer libro que toma es el Amadís de Gaula y lo condena “como a dogmatizador de una secta tan mala” porque fue el primero de caballerías y todos los demás tomaron principio y origen de éste”. Sin olvidar el fin principal que aquel escrutinio tenía, que era el de hacer bien a su amigo y de que éste se encuentra en el estado en el que está, precisamente por estas historias de caballerías, es lógico que piense echarlo al fuego, pero finalmente, le salva, reconoce que lo que el barbero dice tiene un gran valor: “es el mejor de todos los libros que de este género se han compuesto; y así como único en su arte, se debe perdonar”. Así, condena los demás por “las endiabladas y revueltas razones de su autor”, “por disparatado y arrogante”, por la “dureza y sequedad de su estilo”, deficiencia de las traducciones, inverosimilitud de su historia o personajes, etc. Los libros que salva de caballería son principales Amadís de Gaula, Don Belianís y Tirante Blanco y los da al barbero para que los guarde y lea, a condición de que no los deje ver a nadie más y para él, guarda libros de poesía.

En los capítulos de Sierra Morena, a donde va a dar el cura en busca de su amigo, tiene oportunidad de seguir comentando obras y ejerciendo la crítica sobre ellas. Sus disertaciones sobre las obras se convierten incluso en una poética. En el capítulo XXXII, por ejemplo, comenta con el ventero las obras que este guardaba y le dice: “-… Y si me fuera lícito agora, y el auditorio lo requiriera, yo dijera cosas acerca de lo que han de tener los libros de caballerías para ser buenos…”, aunque se guarda en este momento lo que ofrece decir, más adelante llega a tener, incluso, con el canónigo, en los capítulos XLVII; XLVIII, largas reflexiones platónicas y aristotélicas sobre el papel que deberían jugar estas obras en la república y, en cuanto a ellas mismas, su estructura, modos de composición, temas que tratan, se comparan obras de poesía, comedia, novelas y libros de caballería. Eso sí, el cura, propone, casi al final de este capítulo, para evitar los inconvenientes de las obras de dudosa calidad que llegan a la gente, crear un cargo en la Corte en el que una persona inteligente y discreta revise las comedias antes de que se presenten y más adelante propone que sea del mismo modo para los libros de caballería, lo cual, a mi parecer y a pesar de las "buenas intenciones", no sería más que censura.

Pero Pérez, a secas: "El Gran Tracista"
El tercer aspecto que me gustaría tocar respecto a este personaje, es el humano. Aunque este personaje no experimenta -al menos durante la primera parte- algún cambio, un mejoramiento o desmejoramiento psíquico o físico, sin duda es un personaje rico en matices. Resulta un hombre de bien, no sólo por su condición de sacerdote, sino por convicción, lo cual demuestra en el denuedo que imprime a la tarea de ir a buscar a su amigo, que perdió la cordura, y traerlo a casa sano y salvo. En esta tarea hace gala de la principal característica de su personalidad, y creo que la única que es expresamente declarada, que es la de ser “un gran tracista”. El cura, es un hombre ingenioso, astuto, inteligente. Con un gran espíritu conciliador, colaborador y agradable carácter. Siempre se muestra ecuánime y justo. Sus reproches son hechos con sutileza, de forma muy elegante, como cuando reclama a Don Quijote que liberara a los galeotes. Es discreto y respetuoso con la locura de su amigo; no olvida en ningún momento, que Don Quijote es también una persona inteligente, que fuera del tema de caballería es “de entendido y delicado ingenio”.

El cura es un personaje que expone no sólo las críticas literarias que señalé antes; es además, un hombre decidido y firme en sus acciones, dispuesto a hacer lo que fuere necesario para llevarlas a cabo, sin “daños a terceros” pero también sin soltar su presa. Para ello, salió de su tierra, se disfrazó de mujer (siendo cura), trazó unas historias tan insólitas como la gracia, astucia y sagacidad que tuvo para sostenerlas y prever en qué momento cualquiera de los que le acompañaban en su plan, podían arruinarla para entonces intervenir de manera oportuna y siempre acertada ¡En este sentido se me asemeja tanto a Odiseo! El cura todo lo resuelve y su mano e intercesión están metidas en todas las reconciliaciones y reencuentros de la primera parte de la obra.

Quiero cerrar con algo que me encantó: El cura afirma conocer al autor de “La Galatea” y habla muy bien de él: es gran amigo suyo desde hace años y más versado en desdichadas que en versos, afirma que su libro “tiene algo de buena invención; propone algo y no concluye nada”. Más adelante, recibe del ventero “Rinconete y Cortadillo” y asume que pudiendo ser escrita por el mismo autor de “El Curioso Impertinente”, también esa ha de ser buena. A todo esto sólo puedo decir que me parece que es un personaje a todas luces, para mí, sumamente consentido por Cervantes, tanto que, al menos en su boca, pienso que puso en él mucho de si mismo.

2 comentarios:

  1. Me excuso y no:

    Me excuso por la extensión, pero tomé un personaje que vemos a lo largo de la primera parte. No pude condensarlo más por su complejidad. Ojalá la lectura se les hiciera liviana.

    No me excuso de su extensión porque es grande el gusto que he tenido al hacer este boceto del Cura Pero Pérez y en general, de la lectura de la obra.

    Queda para todos ¡sin Peros! :)

    Saludos!

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  2. La parte de la ilustración resulta confusa, ya estaba intentando recordar quién era eleazar en la clase y estaba sorprendida de que se antojase de la misma imagen que tú. Pero, en definitiva, eso está muy largo!! Pero chica tú crees que uno no tiene más cosas que leer? Está bien, todo en broma... Pero, yo como que lo leo después.

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