viernes, 11 de noviembre de 2016

El destierro de Marcela

Mujer, mi suelo, tan real.
Rafael Cadenas


Albert Camus en El Destierro de Helena dice: “La belleza no puede prescindir del hombre y nosotros no daremos a nuestro tiempo su grandeza y su serenidad si no es siguiéndolo en su desdicha. Ya nunca seremos solitarios, pero no es menos cierto que tampoco el hombre puede prescindir de la belleza y esto es lo que nuestra época parece querer ignorar“. Helena se marca como el principal exponente de la Belleza. Su belleza consume, destruye, porque el hombre cuanto ve algo bello desea poseerlo. No consigue vivir sin él.

Cervantes crea personajes femeninos como: Marcela, Lucinda, Dorotea, Maria/Zoraida, Ana Félix, Altisidora, entre otros. Que logran componerse como las protagonistas o las heroínas de sus propias historias en una época donde los grandes héroes y personajes eran encarnados por figuras masculinas. Las acciones de estas mujeres son determinantes en el hilo de sus historias, son ellas las que marcan el ritmo del desenlace de la historia. Las responsables de su propio destino, son personajes fuertes e independientes que no se alejan de un rasgo en particular: sus estándares de belleza. Y aun cuando son bellas no pueden encontrarse más lejos de aquel viejo ideal de la belleza de Helena.

Marcela en particular no se encuentra bajo el perfil de “trofeo”. Su figura representa una elevada autoconciencia. Es una mujer con ideales propios pues reconoce que la belleza representa un ámbito externo y es perecedero, y, que las virtudes como la honra y la honestidad prevalecen. Se permite a si misma alejarse del ámbito social. Su elección es propia y no lo hace orillada a ninguna circunstancia. Es gusto. Placer que se concede a si misma de vivir en el campo, tal cual fuera la Arcadia de Virgilio.

Su Discurso es claro y sin pretensión alguna. Mantiene una palabra propia, defiende sus acciones y no siente culpa por ellas. “Y, así como la víbora no merece ser culpada por la ponzoña que tiene, puesto que con ella mata, por habérsela dado naturaleza, tampoco yo merezco ser reprehendida por ser hermosa; que la hermosura en la mujer honesta es como el fuego apartado o como la espada aguda, que ni el quema ni ella corta a quien a ellos no se acerca” (Don Quijote de La Mancha, Tomo I: 192). No guarda la intensión de explicarse ante nadie, su moralidad queda clara, lo que destaca es la importancia que se guarda a sí misma frente a otros. Marcela marca una posición que la hace superior moralmente a aquellos hombres que deciden guiarse por los preceptos de su sociedad. Admiración es el sentimiento que pueden albergar hacia ella, y no cabe otra, su figura se ha impuesto como una “Diana” pastoril. Se la describe como extremadamente bella, tan bella que es la causante muerte de Crisóstomo, pero la belleza que eclipsa es su belleza interna. Su capacidad de decisión y de no regirse bajo otros estándares, con voz clara y sin titubeos dice: “el que me llama fiera y basilisco, déjeme como cosa perjudicial y mala; el que me llama ingrata, no me sirva, el que desconocida, no me conozca; quien cruel, no me siga; que esta fiera, este basilisco, esta ingrata, esta cruel y esta desconocida, ni los buscara, servirá, conocerá ni seguirá en ninguna manera” (Don Quijote de La Mancha, Tomo I: 194).

            El quijote dice con pleno convencimiento: “Yo sé quién soy- respondió don Quijote-, y sé que puedo ser no solo los que he dicho, sino todos los doce pares de Francia, y aun todos los nueve de la Fama, pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y cada uno por si hicieron, se aventajaran las mías”. (Don Quijote de La Mancha, Tomo I: 107).  De la misma manera se expresa Marcela, segura ante lo que dice, porque Marcela no necesita de belleza o a un hombre, se vale de si mima. Y eso es mucho más que suficiente.

Referencias Bibliográficas

Albert Camus. El Destierro de Helena.
M. Cervantes. Don Quijote de la Mancha. Tomo I. Barcelona: EDEBE, 2005.





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