domingo, 13 de noviembre de 2016

Zoraida: Moros y cristianos

“- No –dijo ella-; a mi padre no se ha de tocar en ningún modo, y en esta casa no hay otra cosa que lo que yo llevo, que es tanto, que bien habrá para que todos quedéis ricos y contentos, y esperaros un poco y lo veréis.” (I, 41)

Zoraida, o María, como quiere ser llamada, es un personaje curioso. A simple vista, se puede pensar que es simplemente una mujer que se deja llevar, una esclava de su época y su condición (musulmana, hija de un hombre rico), que desea escapar y no logra hacerlo hasta que el hombre correcto llega a su vida. Verla así sería simplificar su historia y casi un insulto al personaje. Zoraida ciertamente es una joven musulmana, hija de un hombre rico, pero en sus acciones refleja una libertad de acción y pensamiento que resulta extraña en una mujer de sus circunstancias. 


El cautivo no es quien le propone escapar, es ella primero quien lo elige (por considerarlo un caballero) y luego quien le entrega el dinero necesario para la fuga, porque fue Zoraida quien decidió escapar de su padre y seguir su fe a tierras españolas. El cautivo, si bien es el héroe que rescata a la hermosa dama y va a casarse con ella y serán felices para siempre, lo es porque la hermosa dama en cuestión así lo decidió, ya que quería poder vivir como una cristiana, tal como ella misma también lo eligió, y esta determinación en un personaje femenino es algo que difícilmente se veía en aquella época. Zoraida, María o como ella quiera llamarse, es un raro ejemplo de un personaje femenino que oculta mucha más personalidad debajo de lo que parece ser su única motivación en la historia.

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