viernes, 18 de noviembre de 2016

Los dos amigos: El prudente

“Anselmo y Lotario, dos cabelleros ricos y principales, y tan amigos que por excelencia y antonomasia de todos los que conocían «los dos amigos» eran llamados.” (I, 33) 
“Pero, ¿dónde se hallará amigo tan discreto y tan leal y verdadero como aquí Lotario lo pide? (...) sólo Lotario era este, que con toda solicitud y advertimiento miraba por la honra de su amigo (...)” (I, 33) 

Anselmo y Lotario, dos hombres a los que nada les faltaba. Ricos, mozos y con una gran amistad. Anselmo incluso tenía el amor de Camila, si alguien debía estar contento con su vida, ese era él. ¿Por qué buscar lo que no se le ha perdido? ¿Por qué tensar la fina cuerda hasta romperla? ¿Por qué probar si el fino cristal que, según dicen, es la mujer —y la amistad— se puede quebrar?
Lotario, al igual que Camila, fue arrastrados a la desgracia, la deshonra y a perder su vida gracias a Anselmo, pero de los dos amigos no es el imprudente el que me llama la atención, sino el que es descrito como prudente, discreto, leal como ninguno y verdadero. Lotario, a diferencia de Anselmo, no está tan interesado en los pasatiempos amorosos, pero es siempre arrastrado a hacer lo que su imprudente amigo prefería porque su  cariño y preocupación por él eran más grandes y fuertes que el que podía tener por sí mismo. Cuando Anselmo le pide a Lotario que le busque “la quinta pata al gato” éste sabe que no es sensato actuar de esa manera, que es ir en contra de las leyes de Dios, en contra de todo lo bueno. Pero accede porque complacer a su gran amigo es más importante que nada. Al principio Lotario consigue una forma de complacer a Anselmo y no ir contra lo que es bueno, lo engaña hasta que es imposible seguir con la mentira. Él intenta huir de la tentación y la deshora, pero el mal siempre persigue al bien e intenta corromperlo y muchas veces —como aquí es el caso— lo logra. Cuando no hay más opción que actuar en contra de lo bueno, Lotario se ve atrapado en una trampa: la belleza, lealtad e inteligencia de Camila, todo aquello que hizo que Anselmo la quisiera, hace que su amigo también se enamoré de ella y proceda a actuar de la forma que jamás creyó —o quiso— actuar: deshonrando y "quitando la vida" a su amigo y a él mismo. Cayó en uno de los peligrosos juegos de Afrodita y se vio atrapado en un laberinto sin salida. Después de engañar a Anselmo, de hacerle creer —luego de su momentánea Hibris— que tanto Camila como él le eran tan leales como siempre, y creer que habían engañado a su suerte, ésta llega a tomar venganza, porque ya sea tarde o temprano, si juegas con el destino y la suerte, estos vendrán por ti. 
Anselmo tentó su suerte e intentó burlarla. Arrastró a Lotario, que representaba el bien, hasta el mal. Jugaron con fuego y no sólo se quemaron, sino que apagaron la llama de la vida. Se condenaron a este destino fatídico; uno por ser un curioso impertinente, creerse muy ingenioso y buscar lo que no quería encontrar; y el otro por complacer en todo a aquél a quien tanta estima tenía y olvidar que la contención, la mesura y la vida, a veces son más importante que lo demás. Al final el prudente era igual de imprudente que su amigo. 

Rubmar García

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