miércoles, 19 de enero de 2011

Gines de Pasamonte, o el desagradable Ginesillo de Paropillo.

Don Quijote de la Mancha es una invitación a la libertad, una novela de hombres libres. La libertad para Quijote es el tesoro más grande de la humanidad, inigualable a otras tantas maravillas que pululan por el mundo. El hombre debe ser libre para pensar, expresarse y actuar. Ninguna autoridad, ninguna fuerza legislativa o no, debe coartar la libertad que por derecho se merece el individuo. Cervantes parece desconfiar de las autoridades; su poder parece no bastar para hacer cumplir la justicia. Don Quijote da la libertad a unos hombres que habían infringido la ley, hombres que habían cometido crímenes. Estos eran los galeotes, delincuentes condenados a remar en las galeras de la armada real. Y entre estos galeotes, el personaje más representativo (y al cual Cervantes le presta más atención), es Gines de Pasamonte, el único de los delincuentes del que sabemos su nombre.


La descripción que se nos da del personaje es la de un hombre de treinta años de edad, de muy buen parecer pero bizco. Es un hombre peligroso, atrevido y bellaco, tanto que los guardias desconfían de él. Sus crímenes son mayores que los de sus compañeros, él sólo puede sumar los delitos de los demás y por lo tanto debe pasar diez años sirviendo en las galeras del rey. Su historia, según dice está escrita con sus pulgares:

- ¿Tan bueno es? – dijo Don Quijote.
- Es tan bueno – respondió Gines – que mal año para Lazarillo de Tormes y para todos cuantos de aquel género se han escrito o se escribieren. (…)
- ¿Y cómo se llama el libro?
- La vida de Gines de Pasamonte”.

Más allá de sus crímenes, que no son pocos, el papel de Gines es el del pícaro. Cervantes, asiduo lector de la literatura de su época, introdujo en este capítulo la figura del bribón, del individuo que usa sus artimañas para lograr sus fines, y lo hace con una clara alusión a un texto de la picaresca. En el género de la picaresca, la sátira se lleva al extremo, la realidad se exagera, se hiperboliza, pero siempre en los límites de lo verosímil. No es la última vez que Cervantes alude a la picaresca: la novela ejemplar Coloquio de los Perros, hace clara alusión al texto de Lazarillo, y por lo tanto a la figura del pícaro.

El libro de Gines de Pasamonte va desde su nacimiento hasta el momento en que le toca viajar a las galeras. Las obras de la picaresca deben narrar desde el inicio hasta el final, de la gloria al debacle, o en el caso de Lazarillo de Tormes, de la penuria a la gloria.

El lenguaje de los galeotes es diferente al de Quijote. Lo coloquial, lo humorístico y la sátira, quedan reflejados en los diálogos de los delincuentes. Quijote no puede entender su mundo. Sus conocimientos sobre caballería, sobre virtudes y nobleza, sobre filosofía y latín, no le han preparado para entender el mundo de los que viven al margen de la ley. Es el Quijote justiciero, el caballero que salva a los demás, a delincuentes que van a las galeras en contra de su voluntad. El sentido de la justicia vuelve a aparecer bajo una máscara de bondad. No es cuestión de moralidad y tampoco de honor. Lo que importa no es seguir a cabalidad las leyes, sino la libertad que el individuo merece. Cervantes demuestra ser un conservador, pero hasta alguien que conserva rigurosamente las tradiciones, entiende que la realidad es relativa, y que lo que importa es el cristal por el cual se miren los acontecimientos.

2 comentarios:

  1. me encanta muchas gracias me haz ayudado enormemente con mi clase de don quijote gracias:)

    ResponderEliminar
  2. Es importante mencionar que Cervantes a través de personajes como Pasamonte intenta hacer una crítica de lo verosímil a la novela picaresca, tópico muy recurrente en el Quijote. No solo representa un afán de libertad, como la interpretación romántica podría haber determinado, sino una crítica, un alcance sobre los matices de lo real en la literatura de la época.

    ResponderEliminar