martes, 18 de enero de 2011

El cura. Hombre de debates dogmáticos y mitos revividos.

Tal vez uno de los personajes más representativos de la obra Don Quijote de la Macha sea la del Cura. Este personaje se nos presenta como un egresado de los estudios religiosos del dogma católico, sabio, crítico, fiel y sobretodo amante de la lectura. Dicho egresado de la universidad la Cigüenza (universidad de poco prestigio) comienza a desempañar un protagonismo desde el primer capítulo de la primera parte; cuando se nos nombra como el único que le puede dar la talla a Alonso Quijano para escribir y culminar las historias de los libros de caballería. Es interesante que desde el principio de la obra, Cervantes nos lo pinte tan "extraño" o diferente. Hago esta afirmación porque el cura representa muchos pilares del siglo XVI en España. Habría que resaltar en primer aspecto que es el representante de la iglesia con más desenvolvimiento en toda la obra. En segundo punto es el crítico y canónico de literatura, como también el punto de fidelidad entre los personajes que envuelven el mundo quijotesco. Por último es el punto de vista que defiende la realidad y condena los libros de caballería, siendo él, como antes se mencionó, un lector apasionado del género medieval.

Si estudiamos los puntos antes enumerados, es notable que observamos un personaje que si bien es el símbolo del ideal católico de la iglesia romana, también es el lector que se maravilla del mito y de la ficción. Cervantes nos vuelve a colocar la dualidad, el juego y la experimentación. Esta vez no entre personajes; sino en uno solo. Un hombre católico que combate entre su ideal religioso y su imaginario placentero de la lectura "nociva". Quizás el pasaje que más nos evidencie esto sea el Capítulo VI de la Primera Parte, donde notamos el escrutinio de la biblioteca del hidalgo, hecho por el barbero, la sobrina y el cura. Es sorprendente como el cura se debate aquí entre lo que debe ser quemado y lo que debe permanecer por ser tan maravillosa su lectura y contenido. En este pasaje se pone en evidencia la crítica literaria, lo canónico, lo menos preciado. El cura desempeña el papel divino de resguardar la cultura no solo medieval, sino poemas, romances y demás novelas. Cervantes nos lo muestra actuando como la iglesia inquisidora, como aquella que se contradice; que quema lo "demoníaco" pero disfruta de eso. Puede que lo haya incluido para poder tener un punto de vista realista y religioso y salvarse de la Santa Hermandad o por parodiar una comunidad que lucha internamente y se contradice.

Lo cierto es que el cura aunque haga este acto atroz de quemar libros; también juega a ser parte del mundo del Quijote. Es quien se disfraza de mujer para convencer al hidalgo que padece de locura incontrolable en la Sierra Morena (siendo sustituido posteriormente por Dorotea). Es quien participa en el imaginario mundo de lo caballeresco; haciendo el mito también realidad. Quiere experimentar y lo logra. Es el único egresado del dogma católico que se destruye la realidad que defiende. Él también es seducido por este mundo; porque es un lector apasionado. Cervantes acierta con este personaje. Lo parodia, lo realza, lo destruye y hasta puede ser el reflejo de su punto de vista. Su desenvolvimiento es primordial. Es él único que puede- con ayuda de otros-, apresar a Don Quijote, es la Iglesia que triunfa sobre la locura. La salvación divina. Pero también es el hombre que se bate entre el mito y vivir la ficción que tanto gusta. Sin duda alguna considero que si este cura no estuviese dentro de la obra, el vacío de la historia se notaria. Debe ser este hombre y no otro quien desempeñe todos estos papeles; que muestre al realidad del mundo dentro de la fantasía (la obra) y que construya ficción. Su peso en la esta sublime obra lo convierte en una figura relevante para dar forma a las aventuras del Quijote.

Josué Ocando

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