miércoles, 26 de enero de 2011

Marcela

Un personaje que, a pesar de ser breve, resulta fascinante es Marcela, hija de "Guillermo el rico", por la cual Grisóstomo pierde la cabeza y es desdichado.
La describen como una muchacha de gran hermosura a la que muchos hombres quisieran tomar por esposa, a lo cual ella se niega rotundamente, alegando que está muy joven para llevar la carga del matrimonio y un día, inesperadamente e ignorando cualquier consejo, se hace pastora y se va a vivir libre al campo. Este tipo de irreverencias no eran comunes en la literatura de la época, mas aún tratándose de una mujer, pero los personajes que cuentan su historia aclaran que el hecho de vivir libre siendo pastora no significa que no sea recatada, se hace la salvedad para conservar la honra de la muchacha, de quien podría pensarse mal por llevar esa vida.
Mucho se cuenta de ella entre los hombres, es una especie de mito, y los pastores Pedro, Sarra y Ambrosio son quienes cuentan la historia del pobre Grisóstomo a Don Quijote. Por supuesto, estos personajes conocen solo su versión propia del asunto, es un punto de vista personal más que un relato de las desdichas de Grisóstomo. Pero el verdadero meollo del asunto, lo realmente sorprendente de los capítulos donde se habla de Marcela es la propia aparición de la misma, quien da un discurso que impresiona por su seguridad y madurez al expresar su opinión sobre los asuntos del amor y las relaciones:
"Yo conozco, con el natural entendimiento que Dios me ha dado, que todo lo hermoso es amable; mas no alcanzo que, por razón de ser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama. Y más, que podría acontecer que el amador de lo hermoso fuese feo, y, siendo lo feo digno de ser aborrecido, cae muy mal el decir “Quiérote por hermosa; hasme de amar aunque sea feo”. (...) Quéjese el engañado, desespérese aquel a quien le faltaron las prometidas esperanzas, confíese el que yo llamare, ufánese el que yo admitiere; pero no me llame cruel ni homicida aquel a quien yo no prometo, engaño, llamo ni admito. (...) Que si a Grisóstomo mató su impaciencia y arrojado deseo, ¿por qué se ha de culpar mi honesto proceder y recato? Si yo conservo mi limpieza con la compañía de los árboles, ¿por qué ha de querer que la pierda el que quiere que la tenga con los hombres?"
En su discurso se dejan ver algunos rasgos de soledad a la cual ella tiene que apelar para poder ser libre, esa defensa de la libertad que solo Don Quijote es capaz de comprender:
"Ninguna persona, de cualquier estado y condición que sea, se atreva a seguir a la hermosa Marcela, so pena de caer en la furiosa indignación mía".
Marcela es una reflexión sobre el amor y las relaciones, es una crítica a la manera de ver el amor y a la vez es una crítica de la novela pastoril, donde los hombres cuentan sus desdichas causadas por los amores, causadas por las mujeres, quienes seguramente ni se enteraron del amor que ellos le tenían o sucedió lo que a Marcela, que no se siente obligada a amar a quien le ama. Es una aparición fascinante, algo feminista, donde por fin hace acto de presencia una mujer valiente cuyo destino es libre albedrío y no hace caso de las imposiciones que solía hacérsele a las mujeres, sobre todo los matrimonios obligados. Es una mujer "con guáramos", que decide hablar para responder a una injusticia, un discurso un tanto diferente que puede ser una crítica tanto para la literatura como para la sociedad de la época.

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