martes, 18 de enero de 2011

Grisóstomo: quijotesco a la enésima potencia.

Entre el variopinto grupo de personajes que va conociendo el Ingenioso don Quijote de la Mancha en su primera parte resalta Grisóstomo, joven de buena reputación, destacado estudiante y respetado astrónomo que no puede relatar la historia de su propia vida por haberse suicidado. El doloroso desdén producido por la indómita Marcela.

El acto romántico de este repentino pastor conmocionó a la comunidad en la que vivía y en terminos publicitarios, afectó la imagen de Marcela marcándola como un"fiero basilisco" y otros desagradables epítetos. Sin embargo no causó mayor revuelo el cambio que dio su vida al pasar de ser un humilde y acaudalado estudiante a una fiel imitación de los libros e historias de pastores que idolatró hasta sus últimas consecuencias.

Grisóstomo representó una excelente oportunidad para don Quijote de reconocerse en esa historia, de notar lo que puede causar el influjo apasionado de un modelo literario ficcional cuya existencia en fueras de los confines de papel de un libro carece de sentido, de cordura. No obstante, don Quijote no ha vivido suficientes experiencias para comenzar el proceso de sanchificación que, a pesar de contribuir a la merma de sus ánimos y por último de su vida, fue bastante iluminador y útil para evitar nuevos desastres que pagar con las costillas.

Marcela no cayó en el mismo juego de roles que Grisóstomo y fue la única persona en hacer una defensa en favor de la sensatez, resultando ser defendida (quizá más por aquella muestra de valentía o por su condición que mujer que por otra cosa) por nuestro caballero andante, en otro pequeño juego irónico de Cervantes que aprovechó los capítulos en los que se desarrolla esta aventura para poner en otra perspectiva uno de sus temas claves de la novela: el trastoque mutuo de los planos de la ficción y la realidad.

Omar García, C.I. 17.754.987

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