viernes, 1 de agosto de 2014

El buldero y el latín.


Un buldero profesando.
[El buldero] Ofreciéndosele a él las gracias, informábase de la suficiencia dellos. Si decían que entendían, no hablaba palabra en latín por no dar tropezón; mas aprovechábase de un gentil y bien cortado romance y desenvoltísima lengua. Y si sabía que los dichos clérigos eran de los reverendos, digo que más con dineros que con letras y con reverendas se ordena, hacíase entre ellos un Santo Tomás y hablaba dos horas en latín: a lo menos, que lo parecía aunque no lo era. (Tratado Quinto, pág. 86, edición digital en formato ePub. Disponible: http://epublibre.org

En este fragmento se ve cómo el latín, por ser la lengua máxima y más culta, funciona  para ejercer poder. Es ahí cuando entra la audacia del bulero: no sabe latín pero sólo con fingir que lo sabe, y por su labia, se coloca en una posición superior a los demás. Así, por supuesto, logra que se vendan sus bulas. También es interesante cómo se critica al sistema religioso en la frase: “los dichos clérigos eran de los reverendos, digo que más con dineros que con letras y con reverendas se ordena”. A pesar de que estos clérigos nada sabían del latín, de todos modos mantenían su posición por el dinero que poseían.

Creo que en este fragmento la lengua y la riqueza se retratan como dos maneras de mantener una posición social y de poder. También me parece que se asoma la posibilidad de que en este fragmento se esté diciendo que mientras más culto se aparente ser, más oportunidades se tendrá en la sociedad.

Leila Samán

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