miércoles, 6 de agosto de 2014

Un entierro


 


"Arriméme a la pared, por darles lugar, y, desque el cuerpo pasó, venían luego a par del lecho una que debía ser mujer del difunto, cargada de luto , y con ella otras muchas mujeres; la cual iba llorando a grandes voces y diciendo:

-Marido y señor mío, ¿Adónde os me llevan? ¡A la casa triste y desdichada, a la casa lóbrega y obscura, a la casa donde nunca comen ni beben!

Yo que quello oí, juntóseme el cielo con la tierra y dije:   ¡Oh desdichado de mí! Para mi casa llevan a este muerto(...) "

Lazarillo de Tormes: Tractado tercero. Plaza & Janez Editores S. A.: Barcelona, 1997. p. 103



El fragmento es de mi agrado puesto que es posible conocer con plenitud el grado de inocencia que posee Lázaro. El pobre niño piensa que el lugar hipotético mencionado por la viuda se trata, efectivamente, de la casa de su amo; y ante esta lectura literal sale corriendo asustado pensando que el muerto será llevado a su casa. Esta actitud, tan propia de un niño pequeño, nos rebela su edad y lo triste de su condición: “¡A la casa triste y desdichada, a la casa lóbrega y obscura, a la casa donde nunca comen ni beben!”. Y además nos permite conocer otra pena a la que se someten los hombres y mujeres de su época, sin mencionar que permite comprender la situación que a su tiempo debió padecer la madre del propio Lázaro. También se trata de su primer encuentro con la muerte, que al ser ligero no produce una gran pena en el lazarillo sino algo de temor. Un susto risible que aligera la pieza pero no deja de exponer las penurias a las que se ve sometido el pueblo.

 Alejandra M.

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