viernes, 1 de agosto de 2014

Lázaro ya no es niño

 
 
Y así, me fui para mi amo, que esperándome estaba. Salimos de Salamanca, y, llegando a la puente, está a la entrada della un animal de piedra, que casi tiene forma de toro, y el ciego mandóme que llegase cerca del animal, y, allí puesto, me dijo:
-Lázaro, llega al oído a este toro y oirás un gran ruido dentro dél.
Yo simplemente llegué creyendo ser ansí. Y como sintió que tenía la cabeza par de la piedra, afirmó recio la mano y diome una gran calabazada en el diablo toro, que más de tres días me duró el dolor de la cornada, y díjome:
           -Necio, aprende, que el mozo del ciego un punto ha de saber más que el diablo.
Y rió mucho la burla.
Parescióme que en aquel instante desperté de la simpleza en que, como niño dormido estaba. Dije entre mí; «Verdad dice éste, que me cumple avivar el ojo y avisar, pues solo soy, y pensar cómo me sepa vale»1
1 Fragmento de Tractado primero, p.13.
 
La vida de un pícaro presupone una agudeza e ingenio en todos los ámbitos de la vida para poder elevarse sobre las dificultades y sobrevivir. En  este pasaje Lazarillo, que aún conservaba su inocencia de niño, despierta de su simpleza de una y para siempre. El ciego le golpea contra una roca y es así como ocurre la transformación instantánea: un niño deja ser niño. El realismo de la obra es tan marcado que bien ilustra que las lecciones de la vida se aprenden a los golpes.

                                                                                                                         V. Villamizar.
 
Bibliografía.
Anónimo. Lazarillo de Tormes. 1era ed. Ed. Francisco Rico. Barcelona: Planeta, 2003.

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