viernes, 1 de agosto de 2014

El saber de Lázaro

“A cabo de tres semanas que estuve con él, vine a tanta flaqueza que no me podía tener en las piernas de pura hambre. Vime claramente ir a la sepultura, si Dios y mi saber no me remediaran.”


Este breve fragmento, a mi parecer, resume muy bien la situación general de Lázaro como personaje picaresco, quien por necesidad acude a diversas tretas para sobrellevar el día a día.
   Como en esta y muchas otras ocasiones, el Lazarillo de Tormes asegura que se vio obligado a recurrir a sus habilidades, las cuales podríamos calificar como desvirtuadas, prácticas y que solo se utilizan con la finalidad de hacer las cosas bien, cosas que beneficien a su sola persona, sin importar si dichas acciones atentan o no contra la moral. Lo importante es sobrevivir.
   Lázaro supo aprovechar- y perfeccionar- los dones que le fueron dados por Dios y la experiencia para ejercer la industria, y de estos se valió para conseguir el pan de cada día. Sin su saber- como él le llama a su industria-, su astucia y artimañas probablemente el hambriento Lazarillo más que visualizar un viaje hacia la sepultura, se hubiese desplomado directamente sobre esta. Así, pues bien, la industria fue aquel impulso que llevó a Lázaro a subir un par de escalones más dentro de la escala social, a establecerse muy humildemente. Aunque cuestionables, sus habilidades le dieron la oportunidad de conseguir una vida más tranquila en la que la muerte no está constantemente pisándole los talones por falta de alimento.
(Tratado segundo, página 20.  Anónimo. EL Lazarillo de Tormes. Colección Obras Universales. Ediciones El Trébol.)

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